Cuando una empresa pregunta «¿cuánto cuesta una tienda online?», lo habitual es que reciba un precio de partida. Ese precio es útil, pero incompleto. El coste real de un e-commerce se mide a lo largo del tiempo: creación, alojamiento, medios de pago, aplicaciones, mantenimiento, evoluciones, captación de clientes, contenido y tiempo interno. Dos soluciones con precios anunciados muy distintos pueden acabar acercándose bastante una vez sumadas todas estas partidas.

El precio de la plataforma es solo una línea más

Una solución SaaS puede cobrar una suscripción mensual y, además, ciertas aplicaciones y temas. Una solución de código abierto puede ofrecer un núcleo gratuito, pero exigir alojamiento, extensiones y mantenimiento. Una plataforma más técnica puede requerir una agencia o un equipo interno. Ninguno de estos modelos es malo. El problema empieza cuando solo se compara la primera línea de la factura.

El coste invisible de una tienda suele ser el tiempo que se dedica a mantenerla en marcha.

Cuenta también el coste de las decisiones

Cada extensión que añades te obliga a elegir un proveedor, entender su tarifa, comprobar su compatibilidad y aprender una interfaz nueva. Cada cambio de tema o de versión puede exigir revisiones. Cada incidencia moviliza a alguien. Ese tiempo tiene un valor, aunque no genere ninguna factura externa. Para una estructura pequeña, unas cuantas horas de gestión técnica al mes pueden pesar más que una diferencia de cincuenta euros entre dos suscripciones.

Los pagos y las ventas tienen su propia economía

Las comisiones de pago son inevitables en casi todas las soluciones. Algunos ecosistemas pueden añadir además cargos cuando usas un proveedor de pago externo. En cambio, ciertas plataformas de código abierto no cobran un porcentaje de plataforma, pero te dejan negociar y conectar tus propios proveedores. Por eso conviene comparar los escenarios que corresponden de verdad a tu actividad, no una tarifa teórica.

El mantenimiento es una partida comercial

Una actualización no es solo una operación informática. Una tienda caída, un módulo incompatible o un pago que falla tienen un impacto directo en la facturación. El mantenimiento debe entenderse, por tanto, como una forma de proteger tu herramienta de venta. Cuantas más extensiones tenga la arquitectura, más importante es saber quién vigila el conjunto y quién interviene.

  • Creación: diseño, configuración, importación del catálogo, contenidos y puesta en marcha.
  • Infraestructura: alojamiento, dominio, CDN, copias de seguridad y monitorización.
  • Funciones: aplicaciones, módulos, conectores y servicios externos.
  • Pago: comisiones del proveedor y posibles cargos de plataforma.
  • Mantenimiento: actualizaciones, pruebas, correcciones y seguridad.
  • Operativa: tiempo del equipo, formación y soporte.
  • Crecimiento: SEO, publicidad, contenidos y optimización de la conversión.

Por qué UNYX habla de alcance y no de un catálogo de opciones

El enfoque de UNYX consiste en definir el resultado esperado antes de acumular piezas. El precio del proyecto corresponde entonces a un alcance claro: lo que se debe crear, configurar y entregar. Si eliges un acompañamiento mensual, este responde a un papel igual de claro: hacer seguimiento, mejorar y ayudarte a decidir. Eso no significa que cada proyecto salga más barato que en otra plataforma. Lo que se busca es, sobre todo, que el coste sea más legible y que el comerciante dedique menos tiempo a coordinar herramientas.

Un e-commerce rentable no es el que menos cuesta. Es aquel en el que cada coste tiene una razón de ser.

Para comparar UNYX, Shopify, WooCommerce, PrestaShop o Adobe Commerce, pide el coste a doce o a veinticuatro meses, pero pregunta también quién hace qué. ¿Quién instala? ¿Quién actualiza? ¿Quién responde cuando el pago deja de funcionar? ¿Quién optimiza una ficha de producto? ¿Quién vigila el rendimiento? Cuando todas estas respuestas están por escrito, el precio resulta mucho más fácil de leer.